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SED

“SED” es un cuento que cuenta a modo de reflexiones la vida de un hombre que en la narrativa se presenta como “el méndigo”, aunque no es un méndigo como se tiene definido popularmente, es un hombre que mendiga por algo que él mismo desconoce qué es. Este hombre ha podido obtener todo lo que ha querido en su vida, sin embargo, tiene presente la sensación de una carencia la cual no puede satisfacer de ninguna manera y por mucho tiempo ha estado buscando y mendigando por una cura que le alivie esa sensación.

SED

¿Cómo sé cuándo debo parar? —se preguntaba el méndigo— cuando éstas manos arrugadas y ésta cara reseca ya no tenga rostro ¿será cuando deberé parar? A pesar de todo lo que he hecho en mi vida, los logros, los méritos, las riquezas y la fortuna simplemente no se va esa sensación de que algo anda mal. ¿Será acaso que lo estoy haciendo mal?, ¿estaré yendo por el camino incorrecto?; 57 años de un camino incorrecto. No es mi culpa —se justificaba a sí mismo— así es como fui educado, así hemos sido educados todos y cada uno de nosotros, y sin embargo algo está mal, lo siento dentro de mí, mis pulmones ya no respiran como antes, mi corazón está más cansado, mis ojos se secan, ya no hay lágrimas.

El méndigo ha buscado la solución a esta amargura, no la encuentra en ningún platillo, evento o pasatiempo; Cuando parece estar cerca de encontrarlo se desvaneces como arena en el desierto, seca, siempre tan seca.

—Es que le falta algo, ¿por qué no crece nada de esto? —se preguntaba el méndigo— He construido mi mundo tal cual como siempre lo he querido, he vivido mi vida como siempre la quise vivir. Todo siempre ha estado bajo mi control…. ¿Y si lo que falla es eso? todo está muy rígido, árido, siento como mi piel se quiebra como la tierra en época de sequía. en definitiva, le falta algo, le falta fluidez.

El mendigo camina por la ciudad, observa la gente, los perros, las aves, el cielo, el pavimento, las jardineras; todo, lo observa todo. Les falta algo —concluye el mendigo— y lo peor de todo es que ni siquiera se dan cuenta, o si siquiera les importa. Necesitamos avanzar más rápido, eficientemente, mejor de lo que lo hemos hecho. Necesitamos correr.

He corrido toda mi vida y cada vez que descubro que algo está mal, que algo falta, llego a la conclusión de que debo correr más. Ahora me detengo, he decidido parar, me estoy deshaciendo dentro de mis propios pasos y descubro que eso era justo lo que necesitaba.

Cuando el mendigo se detiene una gota cae directo del cielo en su frente, su cuerpo empieza a absorberla, la piel se hidrata; caen más gotas. En ese preciso momento se da cuenta que era lo que le hacía falta: Agua.

—Todos estos años mendigando por agua…

Colegio Madrid A. C. (México)
2° Bachillerato
Natalia Oblitas López Portillo

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