Este dibujo representa un paisaje que a primera vista parece lleno de color, vida y un entorno que transmite tranquilidad; sin embargo, al observar con más atención, el cuadro revela una intervención inquietante: elementos artificiales, fragmentos de desecho y materiales ajenos a la naturaleza se infiltran en lo que debería ser un espacio puro. Estos elementos buscan mostrar cómo la contaminación y la industrialización han dejado de ser algo lejano o excepcional para convertirse en parte cotidiana de nuestro entorno. La presencia de estos residuos no es casual, sino simbólica, representa nuestra huella de carbono, esa suma de acciones diarias que, aunque parecen pequeñas e inofensivas, están deteriorando de manera constante lo más valioso del planeta: su naturaleza. El contraste entre la belleza del paisaje y la invasión de lo artificial evidencia una realidad incómoda: hemos normalizado la contaminación hasta el punto de convivir con ella sin cuestionarla. Así, el dibujo no solo retrata un entorno alterado, sino también una costumbre colectiva; nos recuerda que, mientras seguimos avanzando en nombre del progreso y la industrialización, estamos sacrificando aquello que nos da vida. La reflexión va en torno al impacto de nuestras acciones y a cuestionar si estamos dispuestos a seguir aceptando esta transformación silenciosa o si aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo.
Sara Gómez Montañes
José Santiago Osornio
1º Bachillerato
Colegio Madrid (Mexico)

